jueves, 21 de enero de 2010

La increíble historia del Principe Bacacay.

Para la que nunca tenía sueño.

Cuando me quise dar cuenta, debía estaba amaneciendo ya que empezaba a hacer un poco de frío. Nunca entendí muy bien porque las noches de verano son calurosas hasta las cuatro y después se vuelven frescas como hasta las seis y pico. No podía dormir del dolor que tenía en los ojos, vendados después de la operación del viernes. Habíamos estado hablando casi toda la noche y sin duda no podría contar nada de aquello. ¿Quién me lo iba a creer?....

–Yo la amo –empezó diciendo una voz, como suplicando que lo escuchara– Y ella... ¡ay! si pudiera acercarme a ella.
–¿Y quién se lo impide? –y le di el pie que esperaba, la noche era agradable como para estar en la calle charlando, aparte me olvidaba un poco del dolor.
–Vea –dijo, aunque yo no podía ver– le voy a contar una historia... Hace muchos siglos, cuando esta ciudad no era más que un caserío cercano a un castillo que como ella, ya no está. En ese castillo vivía la familia real. Usted sabe, el Rey, la Reina y por supuesto, sus hijos, los Príncipes, que eran tres: dos varones y una mujer. El mayor de los Príncipes, llamado Bacacay, sería el sucesor de la corona y como se solía hacer en aquellos tiempos, el Rey lo había prometido en matrimonio con una Princesa de un reino vecino. Según lo acordado entre las casas reales, la boda se realizaría cuando el Príncipe Bacacay cumpliera los 14 años.
–Estratégicamente –siguió contando– la unión de las dos casas reales, la de Hilburn y la de Edminister le daría a ambas un poderío bastante importante y la anexión de tierras redituaría en más riqueza para la nueva casa real. Realmente era conveniente. Claro, que el Príncipe no conocía muy bien a quién sería su esposa y futura Reina, o sí la conocía ya que los había presentado cuando se había anunciado el compromiso real. El tenía 6 años y ella 5. Para cuando el Príncipe cumplió los 13, se habían visto sólo en tres ocasiones y a decir verdad, no habían sido nada gratos esos encuentros. Uno a uno –casi con saña– Bacacay le iba encontrando defectos a su prometida y ésta también hacia lo propio. No se llevaban... Es que fundamentalmente nadie, Reyes, Reinas, cortes y hasta el último plebeyo de cada reino se había preocupado por eso. Era algo natural. Los Reyes insistían: debes hacerlo, eres el Príncipe, piensa en el bienestar de tu pueblo. Los cortesanos decían: debe hacerlo, es su destino su majestad, piense en el futuro del reino. Los plebeyos en tanto pensaban... en pagar los impuestos y que si no le gustaba, que era el precio justo que debía pagar por ser el Príncipe.
Había algo que la Princesa compartía con él: Estaba segura de que no quería casarse con Bacacay. Pero... los Reyes, los cortesanos.... ya le he dicho esto... Sus damas de compañía, instruidas por los Reyes, intentaban mostrar las bondades del Príncipe y lo grandioso que era. Sabe tocar el violín, decía una. Lee tanto como Ud., su majestad, decía otra. Recita poesías en francés y canta operas en italiano, decía una con marcada intensión de darle esperanzas a la Princesa.
Así durante días, meses... Pero, para todas y cada una de las cualidades del Príncipe Bacacay ella tenía una refutación. Si era el violín, ella prefería el piano, si era el francés, ella gustaba de los autores italianos.
Sin embargo sus destinos estaba decidido desde hacía años y la fecha de la boda era cada vez más cercana. Comenzaron los preparativos y, finalmente, la boda se concretó. Los primeros meses fueron para ambos tortuosos y como era de esperar, el matrimonio aun no se había consumado, Usted a sabe a lo que me refiero... lo cual empezaba a preocupar tanto a los padres de Bacacay como a los padres de la Princesa, devenida en Reina a la fuerza.
Al cabo de un tiempo cada uno tenía sendos favoritos. Ella, un conde que solía visitar el palacio real y que poco a poco había ido conquistando a la princesa y Bacacay por su parte conoció a una joven cortesana que cautivó con su belleza y sus modos al Príncipe que olvidó todas las formalidades. Al tiempo, no era secreto de nadie su relación con la joven Lev. Si bien los Reyes no estaban enamorados, por vez primera estaban a gusto. Los monarcas de las dos casas reales que trinaban, pero a la pareja disconforme, poco parecía importarle. Hasta habían acordado la situación que los unía sentimentalmente a sus favoritos de alcoba de mutuo acuerdo.
Cuando esto llegó a oídos del Reyes, los encolerizó. De inmediato sus padres trataron de convencer al joven Rey que debía abandonar a esa joven y, como era de esperar él se negó. Los Reyes de ambas casas estaban ofendidos con él, en especial, la malvada madre de la joven Reina quien no podía soportar que su hija fuera rechazada una y otra vez por su esposo y mucho menos que éste tuviera una relación con Lev.
Entonces fue al encuentro de un mago para intentar por medio de pócimas lograr concretar sus deseos. Y dio con un mago chino, tenebroso e impiadoso que preparó un elixir mágico.
Finalmente el Príncipe vuelto Rey a la fuerza bebió el veneno y su suegra burlona le anotició sobre su destino: Lev y tú se amarán eternamente, pero nunca podrán concretar su amor.

Desde ese día y hasta hoy, el Bacacay fue hormiga cuando la Lev fue una planta, fue luz cuando la Lev fue un espejo, fue un pájaro cuando la Lev fue huracán... ¡¡ah mi amigo!!... Por estos días es gato y ella...
–No diga nada –interrumpí– ella es perro.
–Sí –afirmó–.
Ahí fue cuando escuché el primer maullido... Para un no vidente sin experiencia como yo no era fácil encontrar la fuente de la voz. Pero ante el silencio que vino después de ese maullido, mi curiosidad pudo más y levanté un poco el vendaje que cubría mis ojos. Necesitaba ver.
Y no había nadie. Sólo estaba yo y un gato gris que me vio mirarlo. No hizo nada. No dijo nada. ¿Para qué? Si ya me lo había dicho todo.

martes, 19 de enero de 2010

Unplugged 20

No podía ser de otra manera. El unplugged 20 tenía que coincidir con un día lunes. El número cero que forma el veinte, ese mismo cero que nos anoticia de que siempre hay un continuo ida y vuelta, un volver a empezar. La misma sensación que tiene mucha gente un lunes a la mañana, cuando toda la semana anterior con sus logros y sus fracasos queda atrás y estamos otra vez en la base del tobogán. Y probablemente la vida sea eso, ese continuo subir la escalera durante cinco peldaños enormes para disfrutar la libre caída de un sábado y el melancólico recorrido hasta la escalera del domingo.
Y hoy es lunes. No un lunes cualquiera sino el primer peldaño de una escalera cuya caída será un poco más larga, pero seguramente más rápida.
Hay algunas personas que únicamente tienen un tobogán por el que suben, se tiran y vuelven a subir. Su problema reside lógicamente en que lo que ven en la caída es lo mismo. Lo que sienten es lo mismo. Lo que piensan es lo mismo. Una monotonía que los lleva en un principio a desperdiciar el regreso a la escalera para después desperdiciar aun más la caída libre.
¿Libre? ¿Es una caída libre la de aquél que sabe que inmediatamente después de caer deberá volver a subir? Finalmente, adquieren una sensación de aburrimiento que los lleva a realizar la caída cada vez en forma más mecánica, como si sólo se tratara de un trámite para volver a subir, cosa que deploran muchísimo más que el asunto de la caída y de la caminata lenta y pesada por la arena del costado del tobogán. Terminan por olvidar toda sensación de libertad, una depresión en la que quedan suspendidos, quizá cayendo, quizá subiendo, quizá haciendo la caminata hasta la escalera. Si el tobogán es totalmente solitario, nadie estará allí para cuando eso suceda. En cambio, si hay otros en la fila, empezarán a empujarlo para que se mueva.
Otros tienen como una especie de hilera infinita de toboganes alienados. No vuelven desde la caída hasta la escalera del mismo, sino que pasan al que sigue en la hilera. ¿Si disfrutan más? No lo sé.
¿Alguna vez contaron cuantos toboganes hay en la plaza de sus vidas?


viernes, 15 de enero de 2010

Cada gota, cada beso

–Soy infinito –me dijo el cielo esa noche mientras milagros humanos me dejaban oír tu voz. –No importa dónde mires o dónde vayas –siguió diciendo con voz severa– Te envuelvo, te doy día a día y noche a noche un ejemplo de que cualquier cosa que puedas hacer o crear jamás será lo más importante. Con el brillo de cada estrella, no hago más que demostrarte que eso que llaman tiempo es un concepto de juguete.
No pude más que darle la razón, pero tras los guiños de complicidad de la luna y de los planetas de mayor masa, durante un instante esas estrellas de brillo casi eterno dibujaron una constelación con tu cara que duró el tiempo necesario para que el reflejo en cada gota de agua de la laguna permaneciera incorruptible a otros brillos durante toda la noche. Y al otro día, al flotar sobre esas gotas me empapé de ese brillo. Y sentí calor aunque hacía frío. Sentí tus besos aunque no estabas. Y sentí tus manos tocándome en cada gota de agua.


jueves, 14 de enero de 2010

Una leyenda. Una mentira

Todos soportamos a lo largo de nuestra infancia, la lectura por parte de padres, madres, abuelos y hasta tíos, de cuentos intencionados mayoritariamente en hacernos dormir en la noche. Algunas de estas historias tenían sus fundamentos directamente en la fantasía -recordemos sin ir más lejos el caso del pequeño Juan (8) y sus habichuelas mágicas- y otras -las menos por cierto- dejaban entrever el aroma a mistificación de una realidad lejana, como casos aún abiertos y pendientes de la justicia de antaño.
Es sabido que el hombre cuando ve negados los medios para plasmar sus historias, recurre desde sus antepasados al recurso de pasar en generación en generación y en forma de relatos esas historias; relatos que son alterados en forma pero no en fondo para permitir hacer llegar esas historias cuanto más lejos en el tiempo sea posible.
Volviendo al punto, estos relatos llegan a –imaginemos– cinco o seis generaciones posteriores bastante desvirtuados y las cuestiones que lo habían hecho nacer, suponen estar resueltas –con contados casos– u olvidadas. No debemos olvidar que el mejor de todos los abogados es el olvido.
Es por eso que hoy, en una investigación sin precedentes, se sacará del arcón del olvido una de esas historias para llegar a separar verdad de leyenda sobre la vida de Maria de los Remedios Enriqueta Roja (12) más conocida por todos nosotros como Caperucita Roja.

Los elementos históricos. El paralelismo con la leyenda.

La primer y única Maria de los Remedios Enriqueta Roja (12) que aparece en los registros vivió durante los años 1833 a 1845 en lo que es en la actualidad el barrio de Floresta y era la única hija del matrimonio entre Don Miguel Martín de la Cruz Roja (46), entrerriano, nacido en Gualeguaychú en 1806 y Doña Mercedes Segurola Chivilcoy (38), nacida en Bahía Blanca en 1814, y ambos habían contraído matrimonio en 1828. La familia se había radicado a orillas del arroyo Cildañez, cercano a la estancia de la familia Olivera donde ambos trabajaban, uno de los esposos en la cocina y el abocado a la duras tareas rurales.
En esta situación de trabajo, la pequeña pasó sus primeros años al cuidado de su padre, en la cocina de la estancia.
María de los Remedios Enriqueta Roja (12) comenzó a convertirse en una irremplazable ayuda para el personal de la estancia y dada su belleza –amén de su corta edad– era pretendida por muchos de los peones de la finca que habían empezado a apodarla “Caperucita Roja” por la forma en que la niña vestía una pañoleta color blanco sobre su cabeza. Notemos la diferencia precisa que existe entre la realidad y la leyenda que suele pintar a la pequeña con un pañuelo de similares características pero de color rojo. Se puede adentrar en los motivos que pudieron hacer trascender a la pañoleta de un color distinto al real. ¿Acaso es algo que surge para marcar aun más las tendencias políticas de sus padres, o más allá todavía, de los propietarios de la finca? Como hecho comprobatorio de esta teoría, el casco de la estancia de los Olivera, conserva aun el colo rosa. ¿Es un hecho político -resaltar la condición de federales de los Roja- o una mera coincidencia de la historia?

Dolores Candelaria Ensenada Laguna de Chivilcoy.

La señora Dolores Candelaria Ensenada Laguna de Chivilcoy (58), madre de Doña Mercedes Segurota y abuela de la pequeña María, vino a vivir a Buenos Aires en el año 1837. Fue una de las tantas "lecheras" que vestidas con poncho de paño, una enagua y con sus cabezas cubiertas por sombreros de hombre, sorprendía a los desprevenidos gringos casi tanto como la costumbre que empezaron a adquirir los porteños: el mate. Se asentó en las cercanías del arroyo Maldonado.
Su salud fue decayendo rápidamente y era justamente la pequeña María, la encargada de visitar periódicamente a su abuela.

La tragedia de María de los Remedios Enriqueta Roja.

Para poder situarnos en los hechos que desencadenaron en la tragedia, es necesario ubicar -aunque más no sea en forma aproximada– la casa de los Roja, que –por relatos de la época y evaluando viejos documentos– se podría situar en lo que hoy es la calle Monte entre las actuales White y Moretto.
El recorrido lógico de la niña es sin duda, cruzar en línea recta la estancia de los Olivera (Hoy, el Parque Nicolás Avellaneda), llegarse hasta la actual Juan B. Alberdi y llegar por la actual calle Mariano Acosta hasta la iglesia de que actualmente se encuentra en la intersección la avenida Avellaneda y la calle Bahía Blanca, proseguir en dirección norte hasta la orilla de arroyo Maldonado, donde vivía su abuela.
Retomando nuevamente la leyenda, en el pasaje que narra el encuentro de la pequeña Caperucita con el “lobo” que indica maliciosamente el camino más largo hasta la morada de Doá Dolores. No hace falta recordar el hecho de que el "lobo" toma un atajo y logra llegar primero a la casa de la señora de Chivilcoy (58).
Tratemos de precisar el supuesto punto de encuentro de Maria (12) con el “lobo”. Vamos a dar por descartado todo el terreno de la estancia de los Olivera y sus cercanías. Entonces -usando a la leyenda como única referencia- "y fue en el bosque donde el lobo se le apareció a la pequeña Caperucita en el camino a casa de su abuela”, el único posible bosque que podemos encontrar en la zona es una arboleda que aun permanece sobre la actual calle Laguna. ¿Fue allí? ¿Fue en lo que es un una plaza el encuentro entre María de los Remedios Enriqueta Roja con “el lobo”? La respuesta es que sí… es muy probable.
No nos olvidemos de algo que hace tambalear toda la leyenda: La niña conocía a la perfección el camino.

El lobo… ¿Un lobo?

Hasta ahora hemos tomado hasta por omisión el hecho de la existencia de un lobo. Sabido es que Buenos Aires no tiene dentro de su fauna autóctona tales animales y de tenerlos, difícilmente hablaran. Entonces, si no fue un lobo parlante, ni un lobo común y silvestre… ¿Qué fue lo que detuvo a la niña?
Veamos los hechos: una niña cuyo entorno era netamente federal, desaparece junto con su abuela una tarde de 1845. Releyendo aspectos de la historia caemos en cuenta que Don Miguel Martín de la Cruz Roja (46) era oriundo de Gualeguaychú, pueblo que resultara saqueado por la cuadrilla que comandaba Giuseppe Garibaldi (37), cuando combinada con una flota anglo-francesa logran remontar el río Uruguay. Garibaldi intenta atacar Paysandú pero el General Antonio Días ya tenía preparada una resistencia. ¿Cómo y por qué Díaz estaba sobre aviso y ya tenía preparadas sus defensas? Y no hace falta mucho para advertir a paisanos de la familia Roja que lograran escapar del ataque de Garibaldi alertaran a Díaz.
Visto de esa forma, bien puede pensarse una represalia hacia los Roja y, el “lobo” de la leyenda puede ser fácil y lógicamente reemplazado como una representación el león Inglés.

Surge la leyenda.

¿Fue entonces Maria de los Remedios Enriqueta Roja (12) víctima de un secuestro por parte de agentes de la corona inglesa en represalia por alertar miembros de su familia al General Díaz?
Es probable…. la historia puede ser manejada al antojo de aquellos que son capaces de romper las cadenas que atraviesan los ríos.
¿Podemos encontrar en el surgimiento de la leyenda la creación de una historía verídica tratada y amoldada para tontos?

También es muy probable... Nuestra historia está llena de caperucitas y muy vacía de Maria de los Remedios Enriqueta Roja.

Demasiadas vergonzosas mentiras se sobre escribieron con demasiado peso sobre muestras más gloriosas verdades.


martes, 12 de enero de 2010

Julieta y la radicheta

Asistida por la ayuda que le dio Azul Amarillo Rojo, Julieta salió alocadamente en busca de una verdulería de turno en donde pudiera saciar su inquietante ansia de búsqueda frenética. La premisa era concreta: develar el nombre del pigmento de la radicheta.
Corrió unas cuadras y se internó en la feria que se aprontaba a cerrar. Un sucio y ruinoso feriante intentó detenerla, mas Julieta fue rápida en esquivar el artero manotazo, mano negra de tocar papas y batatas, tubérculos arrancados de la tierra en una cesárea comestible.
Se detuvo ante el puesto 4. Sus ojos buscaron con desesperación en cada rincón. Sola. Silencio y las pocas luces que quedaban aun encendidas, las de los puestos que daban a la avenida, le daban una iluminación fantasmal al lugar. Pasos. Silencio. Sombra.
-Busco el nombre del pigmento de la radicheta -Inquirió a la sombra, temerosa.
Silencio. El silencio que solamente se quebraba cuando el semáforo habilitaba nuevamente la loca carrera de los automóviles en la avenida.
–Hola... ¿Queda alguien aun? ¿Está el verdulero? Necesito saber el nombre del pigmento de la radicheta, sabe, lo necesito para un trabajo de biología en la escuela...
Hay un momento, cuando el silencio parece que se quiebra por una presencia. Ese momento parecía llegar. Parada sola en el medio de ese callejón de 100 metros, rodeada de nada y de todo. Los pasos… los pasos que se acercaban lenta y pesadamente, torpes en la oscuridad. Esa sombra casi siniestra que no era su dulce sombra, sino otra. El silencio de la avenida auspiciado por el cambio del semáforo. Quietud. Julieta repitió la frase: -Busco el nombre del pigmento de la radicheta. Mas esta vez sí obtuvo respuesta. Una voz que retumbaba en las vacías paredes del oscuro callejón.
–Bueno, este miran… yo soilquecuida, y no te saberla decir, a lo mejor Raúl… estespera…. porquenunadesa ya se fue, ¡Raúl! Raúl vive en Moreno, tiene que tomarse el 181 hasta Ramos y ahí el tren… y si pierde el rápido, pobre… no llega más a la casa…
Como desde el más allá, la voz de Raúl.
–¿Qué pasa, José? –preguntó Raúl.
–Cuchame Raúl, ¿vo sabé el nombre del pimento e´la radicheta?
Julieta, liberada de cualquier temor avanzó hasta donde la voz de Raúl provenía. Encaró la nada y dijo con voz firme una vez más: –Busco el nombre del pigmento de la radicheta.
–Pero no es época de radicheta –se oyó.
–Okay, pero yo solamente busco el nombre del pigmento de la radicheta, no radicheta.
–Ay, mirá… yo soy empleado, tendrías que hablar con el dueño, él viene temprano a eso de las 9... yo, la verda´ no te puedo ayudar, sino´cantado.

Los temores se olvidaron, y en cuanto estuvo fuera de la oscura feria, se sintió mal. Una pesada lágrima mojó la mejilla de Julieta. Había sentido temor en esa oscuridad pero estaba decidida a todo para conseguir lo que buscaba. En vano...
–¡Ufa! –se dijo para sus adentros. Apoyó toda la mano en la botonera del portero eléctrico del edificio lindante a la feria y sin esperar respuesta, esta vez sí salió corriendo.

sábado, 9 de enero de 2010

Un Renault 9 negro.

Nunca me gustó cruzar las barreras. Y ahora menos. Las cruzo estrictamente como dice el manual y el sentido común: Si no hay espacio, no cruzar. Si la barrera empieza a bajar, no cruzar.
Y en eso estaba hoy, cruzando la barrera del San Martín por Nazca. Son 4 vias, es un paso a nivel muy largo de cruzar y empieza a bajar la barrera y frene.
Despues vino el golpe de atras y al mirar por el espejo un pelado que puteaba. Me baje de auto.
-¿Cómo vas a frenar?
-Esta bajando la barrera
-Tenes que cruzar igual, cómo no vas a cruzar

Y le conté de vos, pero no le importo demasiado... Estaba muy preocupado aunque los autos no sufrieron mayores daños... al mio le salto un poco de pintura de abajo del paragolpes de atras, pero nada serio.

miércoles, 6 de enero de 2010

Estudio, dia 7

Hoy ni lo toqué a Berlo, pero fui a visitar el estudio de Fm La Tribu en donde me esperaba Sabina.
Sabina me mostró los equipos, me contó un poco del software que usan, me contó de su experiencia en la radio y en el Iser. La gente del programa que iba a salir de 18 a 19 no fue asi que vi como la piloteaba armando una tanda de una hora de musica para llegar a las 19 en donde si hubo programa en vivo, con llamados telefonicos, musica y mate por supuesto.

martes, 5 de enero de 2010

Estudio, día 6

Leer el libro de Berlo me está consumiendo más café que el estimado anteriormente. Por otro lado, el starbucks del Unicenter es un kilombo de ruido en donde ni siquiera es posible establecer una comunicación con uno mismo, como mi amigo David K. Berlo dice. 


Como sea, llegué al final del capítulo 5. Parecerá poca cosa, pero es bien denso. Por otro lado, mañana voy a sumar  -al ya conocido estudio de Radio Quasar- la visita a Fm La Tribu gracias a Sabina Mina, que fue la única que me contestó de todas las radios a las que les mandé mails. Y entre jueves y viernes, si Ramo Pol lo dispone, iré a Canal 7.

Ay haloscan...

Después de 4 años de brindar el servicio para los comentarios del blog, Haloscan decidió empezar a cobrar. Ergo, volvi a la forma tradicional de comentarios de Blogger... y perdí tooooooodos los comentarios del blog.

lunes, 4 de enero de 2010

Subir o no subir.

Ya sé lo que me vas a decir... que nunca subí. Me lo han dicho varios, todo el tiempo me preguntan si subi o no subi a verte. Subir es aceptar una realidad que todavía, de alguna forma, me niego a aceptar. No sé si es un argumento válido o no, no me interesa. Estoy con vos, sé lo que te paso. Sé como estás cada día. Sé que hoy moviste más una pierna que la otra, sé si abriste los ojos, sé como respiras. Lo unico que todavía no sé, es como subir esa escalera.

sábado, 2 de enero de 2010

Estudio, día 5

Anoche descubrí que compré la versión Rayuela de "El proceso de la comunicación". Lo encuadernaron con poca pericia...

MMX

Ella lo sintetizó todo en una frase. Que podamos decirte feliz año, donde quiera que estés.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Estudio, día 4

Ya conseguí contacto para visitar estudios. Esta semana que viene empiezo.

2010

Qué decepción... tanto esperar hasta hoy y tampoco voy a ser el primer bebe del año...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Estudio, día 3

El capítulo 2 del libro de David Berlo es mucho más simple que el capítulo 1. Yo, que no quería saber más nada con lo de mensaje - emisor - codificador - canal - decodificador - receptor, lo tengo que volver a estudiar. Cosas que pasan.

Por otro lado, retomé lo de física. Estuve con la parte de acúsitica, que nunca había estudiado en serio. Bueno, resulta que todo lo que uno sabe de señales, se mantiene perfectamente con algunos nombres cambiados. A saber: Timbre: la cantidad de armónicos determina el timbre particular del sonido -te odio, Fourier-. Altura: Ni más ni menos, que la frecuencia. Nada mas que de 16hz a 45 Khz es considerado sonido producido por cuerpos sonoros que se propagan en medios elásticos, como el aire, el agua y los gases. Y la amplitud, que es la amplitud, el volumen... más claro, hechale agua.

Prometo entrarle al libro de Cicalese ni bien termine con el de Berlo. Me intriga mucho el contenido de su CD, pero vayamos de a poco.

martes, 22 de diciembre de 2009

Estudio, día 2

Me lo traje a Berlo a Luján y un cuaderno para escribir un resumen. Un renglón, una birome. Otro renglón, otra birome más. Finalmente con la tercera, llegué a escribir tres páginas. Y tambien, se le acabó la tinta.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Estudio, día 1.

Hoy me anoté en el iser. Por segunda vez en 20 años. Pasó mucho tiempo desde la última vez que estudié y dí n examen. Me he dedicado a tomarlos. Esto puede ser interesante.
Compré los libros que me hacen falta para los exámenes. 8 páginas del primero de los libros coincidieron con 250 cm3 de café. Oseá, leer este libro serán casi 7 litros de café.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Ruta perdedora

Se de un amigo que habla con los peces
Se de un mundo en el espacio habitado por un dios
Se que vivir mucho es mucho mejor
Y yo se también que mi vida es tan triste
Como un tonto me creí lo que dijiste:
"Nuestra vida será blanca y buena,
nuestra casa será verdadera
nuestra ciudad será hermosa desde hoy"
Y ahora escucho que la casa grita
"Bienvenidos a la ruta perdedora"
Se que nunca seré un buen payaso
Se que mi vida es triste y que vivo con dolor
Se que a veces ni siquiera soy yo
Y no se quíen es el tonto en el espejo
Y mi alma no me quiere y se va lejos
Y busco un sonido en las paredes
Y me escapo con los trenes
Y en las calles me persigo con razón
Y por las calles luminosas me gritan
"Bienvenido a la ruta perdedora".

jueves, 3 de diciembre de 2009

Los Caminos de Pablo

Hace muchos años empecé a escribir una novela. Con el tiempo fue quedando olvidada y sin terminar, con los dos personajes sentados en una mesa de un café durante años. Desde mi separación he estado intentanto completarla y encontré un final para la historia. Para evitar seguir corrigiendola, la he empezado a publicar en un blog: loscaminosdepablo.blogspot.com

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