Cuenta la leyenda que existe una secuencia secreta y maravillosa de sonidos monocordes ejecutados por una bocina que mágicamente producirá que el vehículo en el que suene, se eleve majestuosamente por los aires como un águila guerrera.
Nadie encontró esa secuencia, pero todo conductor suele alguna vez intentar afanosamente su búsqueda.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Leyendas urbanas
jueves, 9 de septiembre de 2010
Toma de escuelas - Los estudiantes de paro.
Muchos de mis compañeros están en contra y hasta indignados con lo de las tomas de las escuelas. Hoy sin embargo hice este planteo:
Nosotros, como docentes, aunque genéricamente, cualquier trabajador, tiene como herramienta de reclamo, protesta o pataleo, la huelga.
La huelga es un derecho garantizado en la Constitución Nacional. El empleador no debería tomar represaría alguna ni realizar ningún descuento al trabajador porque justamente, está ejerciendo un derecho. Aun así, sabemos que en la práctica, los empleadores -concretamente en nuestro caso, el GCBA- realiza estos descuentos que luego son impugnados por la justicia ordinaria y cuyos reintegros quedan flotando en el aire.
Pero más allá del descuento o no descuento, uno, al realizar un paro realiza una especie de apuesta: Mirá, no me interesa si me vas a descontar el día o no, yo así no puedo laburar. El mensaje es ese: A Ud. empleador lo perjudicamos económicamente porque no producimos y aunque Ud nos descuente los días, no nos importa aunque vaya contra nuestros intereses: Queremos que esto cambie.
¿Con qué pueden hacer los alumnos de las semiderruidas y abandonadas escuelas públicas esa apuesta? ¿Qué tiene para apostar? Su propia educación. Y el mensaje se transforma en Señor Jefe de Gobierno, no nos importa que esto vaya contra nuestros intereses: Queremos que esto cambie.
Y vaya que tienen razones cuando hay escuelas con escaleras con carteles que indican la cantidad máxima de personas que pueden simultáneamente subir o bajar, pasillos con cintas de peligro, vigas de techo apuntaladas desde tiempos inmemoriales u obras aprobadas por la legislatura que duermen vaya uno saber en qué limbo.
El 15 y el 16 hay convocado un paro docente.
Queremos que esto cambie.
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viernes, 16 de julio de 2010
Robo de la carne
Mendoza. 23 de junio....
A un diputado le sustraen de la heladera de su despacho (¿?) 10 kilos de carne y 3 pollos. Además, se llevan una anilladora.. Según la nota de Clarín, la anilladora saldria $3000, aunque en mercado libre se consiguen desde $170.
Aca pueden escuchar la nota en LV10 de Mendoza y si quieren la nota en Clarin.
martes, 13 de julio de 2010
Estado.
No se oponen por los niños. Le soban un huevo -en caso de algunos curas pedófilos, literalmente-. Lo que siguen persiguiendo es poder. Poder sobre la gente, poder sobre el estado, poder sobre el mundo. Saben perfectamente que si acaso se aprobara la modificación al código civil, los niños que tanto los preocupan, esos que están cagados de frio, de hambre y sufriendo un abandono absoluto en algún hogar de mierda esperando que los adopten, sabiendo que si tienen 7, cagaron, si tienen 8, estan en el horno y si tienen más de 9, se quedarán hasta ser mayores, van a seguir así, con casamiento gay o no.
¿Qué les hace pensar que TODAS las parejas gays quieran casarse? ¿Acaso todas las parejas heterosexuales quieren casarse? Y de ese porcentaje de parejas que se casen... ¿Cuantas querrán adoptar?
Y a no dudar, conservadores de argentina, que la desición sobre el destino de esos trámites de adopción va a caer en la mano de los mismos jueces que se toman 10 meses para decidir sobre abortos terapeuticos. Porque si a una pareja "normal y natural" (como esta gente que gusta de vivir solos en un convento lejos de sus familias, repitiendo hasta creerse que el mundo se hizo en siete dias, que la evolución darwineana es una conjura de satan y que cada tanto está lindo clavarse un monaguillo) quiere adoptar hoy, tampoco le resulta sencillo.
El Estado tiene que estar ahi. El Estado tiene que aceptar -el Estado, esta gente no tiene porqué aceptarlo... son gente que se tomó 359 años para decir que Galileo tenía razón y que no habia estado tan bueno eso de quemarlo en una hoguera- que estas personas quieren y necesitan que el Estado los haga partcipe de los derechos y obligaciones que les da a las parejas que firman un contrato civil con él. Y que fundamentalmente, tiene que estar ahi para cuando las cosas no salgan bien entre ellos. Porque no todas las parejas gays que -ojalá- se casen van a vivir felices para siempre, porque no es así, muchas se van a llevar para la mismísima mierda y van a querer separarse y ahi el estado tiene que estar para decir: esto se divide asi y siga cada cual su camino. Porque uno de los dos se va a morir antes, y ahi el Estado tiene que estar para darle todos los beneficios sociales que una persona que pierde a un ser querido tiene que tener. Porque entre otras cosas, el Estado, tiene que entender qué es un Estado que debe satisfacer los derechos y necesidades te TODAS las personas, porque el estado se hace de individuos, no de mayorias y minorias.
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martes, 6 de julio de 2010
Hacerse cargo. Orina culpa...
Paraná (ADP, enviado especial) Terminó el sueño mundialista de la peor forma. Mucho se va a hablar del equipo, de sus fallas, sus falencias ofensivas –su mala leche ofensiva hoy– pero nadie se va a hacer cargo de los defectos propios. Yo sí. Acá vamos.
Para empezar, el cambio de lugar obligado. Yo no quise hacer caso a eso. Ver el partido en casa de Andrea o en casa de Patito había dado resultados. Verlo en el Zenith en el trabajo, también.
Hasta hoy, los partidos de la selección que yo había estado fuera de Buenos Aires venían con un balance positivo: 2 victorias y un empate (0–0 con Brasil, mundial 78 en casa de mi tío Pichón, 6-0 con Ecuador, preolímpico 1996 en Mar del Plata -el único partido que yo ví en la cancha–, 1-0 con Japón, mundial 98 en un hotel de Villa Carlos Paz) Con ese antecendente, ver el partido en Paraná, no me parecía un problema, mientras tuviera al cuidado el resto de la red de cábalas.
Y ahí las cosas empezaron a fallar. Acomodado en el sillón, ya puesto canal 7, me pongo los auriculares para escuchar "No más para mirarte” de Cruz Maldonado, que había sido el tema elegido para tapar el himno en los partidos anteriores y el auricular derecho no funcionaba. Llegué a tiempo a poner el televisor en mute, pero ahí me di cuenta que la sintonía de las radios es otra distinta a la de Buenos Aires y no sabia como escucharlo a Victor Hugo. Esa distracción, en la que desesperadamente busqué una radio y traté de sintonizar una repetidora con la voz del uruguayo, dio el tiempo justo para que nos metieran el primero. No fue el fau inocente de Otamendi, ni la forma estúpida en que tomaron las marcas en ese tiro libre cuando iban 2 minutos de partido... Fui yo que no pude escucharlo a Victor Hugo y me conformé con el relato de la tele.
Y después, no hubo como levantarlo, porque justo cuando estábamos para empatar, mi vieja volvió al living donde miraba yo el partido y preguntó como iban. Y no hubo forma... cambios desesperados entre Canal 7 y Telefe, cambio de lugar, de sillón, cuernitos, nada. Como le dije a Débora: Cuando la leche está cortada, por más que batas no se puede hacer flan.
Y bueno, ahora la mano de Dios no va a tener que hacer sana sana a todos.
Pero me confieso, algo de responsabilidad mía hubo, sobretodo en el primer gol.
martes, 1 de junio de 2010
¡Vamos, Pedro!
Esto que sigue, lo escribí el día del ultimo de los exámenes de ingreso que tuve que dar en el ISER, sentado en un banco de la plaza frente a la estación Retiro.
Go on Peter! o ¡Vamos, Pedro! Nunca conocí a ese Pedro que mi viejo citaba cada vez que festejaba que algo había salido bien. Me contó alguna vez que era un por tipo que jugaba al bowling con él y otros amigos en la sede de Villa del Parque de Racing. El tipo decía esa frase cuando hacia un buen tiro. A veces en inglés, otras veces en español.
Estoy sentado donde debería haber estado hace 20 años. Metáfora que no sabe de mudanzas geográficas de la sede de Paseo Colón a Retiro, metáfora que no alcanza para dimensionar 20 años.
Hace nada, mi historia sobre Pablo y Silvina terminaba con ellos tal vez juntos, vaya uno a saber por cuanto tiempo. Pablo hablaba de un camino que se abría en esa esquina y yo estoy aca hoy y tengo un camino por delante que estoy mirando, que me está esperando y que todavia no voy a saber si puedo caminar. Pero tengo la las nauseas y el vértigo de una montaña rusa a la queme quiero subir y a la que vi andar desde lejos por apenas 20 años.
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domingo, 16 de mayo de 2010
La payada del Campeon de Bragado
martes, 30 de marzo de 2010
Y... ser
Historia con final que es un principio. Ayer me enteré finalmente que entré al ISER. No puedo decir que hayan sido exámenes dificiles, pero sí tensionantes. El primero, el teórico... Una pregunta de acústica, una de óptica, una de magnetismo y una de electricidad. Simple. El segundo, el audiovisual. Complicado... En principio porque rompe con el esquema tradicional de los exámenes que uno dió. Cuatro fragmentos de textos, cuatro fragmentos musicales y a encontrar las correspondencias. Y despues escribir una historia en base a los sonidos que nos hicieron escuchar. El tercer examen, sobre el libro de David K. Berlo... Cuatro preguntas, relativamente complicadas. Habia que leerselo nomás el libro. Y finalmente, la entrevista personal.
Y sí... Ayer mi nombre estaba en la lista de los que ingresamos.
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lunes, 22 de marzo de 2010
Desde estas doradas playas... Recopilación de notas de verano.
Carpa. Int. Noche. Adrián escribe una nota en su celular. A lo lejos el mar, aunque se escucha muy cerca un tren de la alegría que termina de romper una noche de chicos que discuten y adultos que berrean.
Camping. Ext. Noche. Adrián está en su carpa. Asoma su cabeza y mira por sobre las copas de los eucaliptos. Algunas estrellas se dejan ver entre las hojas. La paz que siente calla las voces y apaga las luces a su alrededor. Se duerme así.
Auto. Ext. Noche. Adrian está sentado en el asiento del acompañante con la puerta abierta. Aún cuando disfruta el camping, necesita un asiento con respaldo. Busca la llave del auto para poder prender la radio. Una licencia de confort. Como la cerveza fría por el hielo en la conservadora de telgopor.
Playa. Noche. Cerveza sentados en la arena. No hay luna. Tampoco pobres millonarios. No soy Eva ni ella Adan.
Carpa. Noche 3. Tarde de desvande en la playa por fuertes vientos del sector sur.
Camping. Ext. Día. Mientras Stella lava los platos de anoche, Adrián cocina arroz. La música corre por cuenta de vecinos empecinados en marcar territorio. Prefería Zeppelin y Deep purple. "Pero todo no se puede" como ella dijo.
Playa. Ext. Dia. Hay mucho viento. Bandera roja y sin bañero. Ella dice: "¿Esa señora está entrando o saliendo de su corpiño?"
Auto. Int. Noche. Adrian vino a escuchar la radio. El frío no es un precio justo por el partido horrible de Boca. Lo abriga un poco el celular en la guantera con su sobre amarillo.
Carpa. Int. Noche. La penultima noche antes que el año empiece de verdad. Y que verdades , carajo. Adrián escribe en el celular otra nota. Releyó todo su verano en sms. Y Vicente Lopez, la calle Azcuénaga, los árboles de la calle Rawson, las manzanas compradas de a una cada tarde, las botellas de agua, la calle serpenteante de Olivos todo después de la oficina y el café con días de sorpresa, y Lau que vuelve a decir puto dulce a mucha honra. Y tal vez la ciudad desde el piso 11. Y yo.
jueves, 4 de marzo de 2010
Apocalypse Now!
Aquellos que esperan el apocalipsis, que realmente creen en Dios y viven según preceptos que creen que de él emanan... ¿Porqué temen? ¿El apocalipsis no debería ser para ellos una fiesta de egresados con mucho descontrol, mostaza, huevos, harina, y cuatro jinetes subidos a sus caballos cantando "Barilo Barilo"?
lunes, 22 de febrero de 2010
Suerte
Me ganaste siempre en todas las luchas. El ancho y el tres en mano. Nunca una cana, nunca en capilla y en la rula por cada una de tus fichas te alzás con treinta y seis. Uno más para el envido y hasta con dos sotas y un cuatro te llevas cuatro tantos siempre para tu rincon. En las dos primeras vueltas tenes tres ferrocarriles, el ingenio, y Buenos Aires completado. Ya pusiste dos estancias y al toque caí yo.
Como pude atacarte por Kamchatka, desafiarte a la casita robada a una ronda de payana, al ludo, al Antón Pirulero yo que nunca pude ganarte ni jugando al veo veo.
Doble o nada siempre es nada, pan y queso siempre es queso. Dos escobas, la setenta, tambien el siete de velo. Cinco canastas puras, cien de salida y cuatro ases. ¿Que caso tiene seguir jugando, tres mil cuatrocientos de base?
El papel envuelve piedra, mi pulgar es el de abajo y no te cuesta trabajo hundirme el porta aviones, me encontras en la escondida me humillas al memotest. Y ahora que bajaste el quinto poker de ases me relamo porque tengo una escalera de color.
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domingo, 31 de enero de 2010
Analogias (Unplugged 28)
Estoy empezando a cansarme de la tendencia a digitalizar el Universo. La perfección del mismo, aún cuando esto parezca irritar a los ingenieros electrónicos de la Sony, es decididamente analógica. La música, la pintura, la escultura, todos los medios de expresión alcanzan la perfección en lo analógico. Una pincelada es hasta el infinito analógica. Un color salido de la paleta del peor pintor, guarda hasta en su esencia su propio color. El sonido de la cuerda de un violín, o la vibración de la lengüeta de una trompeta, es una onda, suave, alta y duradera hasta el momento en que el aire no puede ya ser conmovido por ella.
La alocada tendencia del hombre a medirlo todo, a conocer precisiones hasta ridículas hace de inspiración a ejércitos de ingenieros, físicos y científicos.
¿Qué otra cultura sino la actual, ésta en la que nos toca vivir - se regocija tanto en inventarse dilemas abstractos y hasta incomprensibles? Tanto vale un micro, que en su mensuramiento se invierte más proporcionalmente que en líneas de transporte. Conocer un el comportamiento de un circuito al ser activado involucra una matemática precisa y compleja de la que me río con lástima -y por comprenderla- cuando uno sabe que la tensión que tengo en mi casa no es ni constante ni de frecuencia fija.
Las costosas cámaras digitales de fotografía nos mostraran una imagen formada por puntitos cuadrados sobre el monitor muy parecida a una foto convencional -analógica, por cierto- de las cataratas del Iguazú.
La técnica para obtener una digitalización se basan en un muestreo y no en una captación y será muy perdurable un disco compacto, pero sigue siendo una muestra, un pedacito del original.
Nos parece alegrar y conformar el hecho de que todo se pueda transformar en pulsos eléctricos, sin pensar que el precio que estamos pagando por digitalizar el mundo, es no volver a apreciar el mundo como tal.
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jueves, 28 de enero de 2010
Canción de ayer
Muéstrame tus miedos.
Cuéntame tus llantos sin llorar.
Ante columnas de hormigón
sin terminar.
Puede que esté viejo.
Puede que ya empiece a encanecer.
No hay ni un antes ni un después.
Siempre fui yo.
Lo que sucede,
es que llevo oculto el corazón,
ante el temor de lastimarme
una vez más.
Pero ya lo has visto
a pesar de tanto telgopor
Puede vibrar, puede escapar.
Y puede estallar.
Tus silencios ya me aturden.
Me cegás si me mirás.
No te quedes sin palabras.
Iluminá.
Todo un día de tu historia.
Toda frase al despertar.
No es un sueño, ni es mentira.
Todo es verdad
El tiempo actúa
como un maldito atenuador
y borra toda la emoción.
Todo el amor.
Muéstrame tus manos.
Cuéntame tus ganas de volar.
Las bancas rojas donde el sol
vuelve a brillar.
Pero nunca pienses
Que aquello fue un sueño porque -¡Dios!-
Los sueños son para olvidar.
Los días, no.
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miércoles, 27 de enero de 2010
Estudio, aunque ya no cuento los días.
Ayer llegué al capítulo 10 de "El proceso de la comunicación" y hoy me di libertad para sacar por primera vez de su bolsita "Teoría de la comunicación", que incluye un CD con algunas pistas de audio.
La primera impresión es que es la versión Billiken del otro libro...
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martes, 26 de enero de 2010
El día de los chanchos (Unplugged 8)
Son las tres y media de la tarde y no sé todavía sobre qué escribir este unplugged de hoy... pasa que cuando me siento en la computadora me vienen recuerdos a la memoria que me dan ganas de anotarlos todos juntos ahí mismo aunque no se entienda nada después. Lo que pasa es que escribir cosas que le han pasado a uno, puede convertirse en un lazo cerrado (como un 10 goto 10) por ejemplo: Hoy escribo que estoy escribiendo esto, en donde escribo que estoy escribiendo esto, en donde escribo que estoy escribiendo esto, en fin no tendría mucho contenido, mejor dicho, tendría mucho contenido... tanto que no se percibiría la diferencia. Me acuerdo de la peluquería de Nato, en Gaona y Trelles en donde solía cortarme el pelo. La barbería tenía dos espejos enfrentados, en uno se reflejaba el otro que estaba reflejando al otro espejo y la cadena se repetía ad infinitun formando un efecto que fue utilizado por primera vez en la televisión por Pipo Mansera en sus Sábados Circulares.
Bueno volviendo al menú de temas para hoy, de todos voy a elegir un episodio que ese día denominamos "El día de los chanchos".
Sucedió en 1987 -si la memoria no me falla-. Con mi prima Rosita íbamos a ir -junto con Sergio, Willy, Cecilia y algún otro más que se me escapa ahora- a ver a Virus al velódromo municipal -no el KDT, sino el que está atrás del hipódromo- Ella vino para mi casa y salimos con rumbo a la estación Retiro. En esas épocas en cuando uno dispone de tiempo y para ir a Quilmes pasa primero pasa por Zárate, con Rosita preferimos irnos hasta Retiro, tomarnos el tren hasta la estación 3 de febrero en donde nos encontraríamos con los demás que venían del otro lado desde Villa Pueyrredón y desde ahí, caminar unas pocas cuadras hasta el velódromo.
Colectivo entonces hasta Retiro y decidimos colarnos en el tren, total -pensamos- por una estación...- y nos mandamos al andén de cabeza y subimos al tren que ya estaba por salir.
Sábado a la tarde, Magoya toma el tren ese... así que cuando estábamos por llegar a la estación, vi que venía el guarda (chanchito querido) y le dije a Rosita que fuéramos caminando para el fondo, pero así y todo, nuestra velocidad de escape no fue suficiente y el hombre de la maquinita y la gorra se nos abalanzó justo en el instante en que nuestro vagón entraba en el anden.
Cuando me pidió el boleto le contesté: "Ya bajamos, lero lero" y zafamos por un pelito.
Esperamos dos trenes que venían del otro lado y llegaron los demás. Salutaciones de por medio emprendimos las cuadras hasta el velódromo. Detalle: el día estaba horrible. Había llovido por la mañana y parecía que iba a llover en cualquier momento. Efectivamente, llegamos a la puerta del velódromo y un cartel decía: "VIRUS SUSPENDIDO POR MAL TIEMPO". Mala leche... ¿y entonces qué hacemos? Eran tipo las seis de la tarde y nos fuimos a tomar un café con leche a una confitería recontra paqueta que queda en Libertador y Dorrego donde sorprendimos al mozo por doblete: primero que no esperaba que pagáramos y lo hicimos y segundo que le pagamos con monedas.
Finalmente, decidimos volver a la casa de Willy y ver después que hacer. Volvimos a la estación, vino el tren y lo abordamos. Nuevamente, colados. Cuando llegamos a la estación Drago -Nos faltaba Villa Urquiza y bajábamos en Villa Pueyrredón- el tren intenta arrancar, hace un metro para atrás, las luces se encendieron con más fuerza y cuando volvió para adelante, pareció arrancar y paró, más que nada porque se estaba prendiendo fuego.
Saltamos todos al anden en medio de escenas de pánico, de coraje, los maridos abandonan a sus mujeres, los niños se aferran a la cubierta, ah no eso es el hundimiento del Titanic, bueno, la cosa es que el tren se estaba prendiendo fuego, uno de esos marrones viejos del viejo ferrocarril Mitre que se caían a pedazos. Pero se controló el fuego y las autoridades decidieron que el tren podía seguir así que "all aboard!" y una vez más estábamos en camino.
Cuestión que metros antes de llegar a la estación Villa Pueyrredón, la figura maléfica del chancho nuevamente... ¡¡¡Boletossssssssssssssss!!!
El tren esta vez parecía no llegar nunca a la estación y apenas fue parando, los chicos fueron saltando (siempre en el sentido en que el tren se mueve) y yo me iba quedando entreteniendo al guarda diciéndole cosas tipo: ¿Qué fue lo que pasó en Drago? ¿Qué cagazo no?¡BOLETOS! Sí, sí... pero dígame porque yo soy amante del ferromodelismo y todo lo que se refiera a los trenes me interesa mucho ¡BOLETOS NENE! sí ya se los doy, pero en fin, bueno, chau, y salté yo cuando la puerta daba justo a la salida de la estación que da a la plaza, me metí por ahí, llegamos todos a Condarco y listo, seguíamos eludiendo.
Comimos unas empanadas en la casa de Willy, boludeamos un rato y decidimos ir a caminar por el centro... ya serían como las diez de la noche y adivinen que método usaron los giles para ir hasta el centro... Por supuesto, el tren.Y nuevamente colados.
Estábamos llegando a Retiro, y el m-i-s-m-o chancho de la vez anterior -el de Drago- nos interceptó cuando ya el vagón se nos acabó. Tuvimos que pagar los boletos y nos fuimos a deambular por el centro.
Cuando volvíamos, tipo dos de la mañana, llegamos a la estación Retiro justo cuando estaba saliendo un tren vía Jose L. Suárez, llegamos a subirnos corriendo y dos chanchos nos miraban con cara de "Cayeron en nuestras manos". Bajamos, y aunque el siguiente tren salía una hora y media después, sacamos boleto, nos compramos un paquete de Kesitas y nos sentamos en ronda en el suelo del anden a cantar canciones de Sui Generis. Creo que empecé yo con "Bienvenidos al tren".
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lunes, 25 de enero de 2010
Bolsas
Ahí viene canturreando un hombre trastornado gritando "La suerte se me esconde en los boletos capicúas". Ojos negros. Tez oscura. Los harapos que le cuelgan y en la bolsa de arpillera los boletos capicúas que ha juntado en cuatro décadas.
Ahí viene canturreando una mujer trastornada gritando "Dame todo lo que tengas si querés tener mi amor". Ojos verdes. Tez morena. Las alhajas que le cuelgan y en la bolsa de la feria los diamantes que ha juntado en cinco noches de entrepiernas.
¿Y quién lleva basura y quién lleva riqueza?
¿Y quién carga aun con su alma y quién la ha olvidado en una hoguera?
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domingo, 24 de enero de 2010
Secretos (Unplugged 17)
La tarde. Casi las cinco. Hoy más unplugged que nunca: Están arreglando la instalación eléctrica del laboratorio y todo el entrepiso está a oscuras salvo un enchufe del cual me he encargado de conectar -a saber- el centro musical, la cafetera y -recién nomás- mi computadora.
Tengo las manos como atadas... Y a veces es que uno tiene cosas para escribir pero algo no se lo deja hacer. Quizás sea ese mismo algo el que le permite a uno poseer secretos propios, aunque soy de la idea que no existe el secreto hasta tanto no haya al menos dos personas que conozcan el secreto. Se me dirá que uno puede tener como secretos códigos para abrir cajas de seguridad, que no son en general los secretos que me gustan... Los secretos no se reducen a la clave de acceso a Los Pinos II que uno pueda tener. Los secretos son confidencias de un alma depositadas en otra. Ha de suceder siempre que esa alma depositaria tiene una fe ciega en la otra alma y conforme esta fe crezca, las confidencias serán más valiosas para aquel que esté confesándose ante el otro y si el otro tiene una fe ciega similar, sabrá apreciar -y guardar por siempre- el secreto que se le ha dado.
Ahora... esas cosas suyas, muy suyas que uno tiene y que le pertenecen a uno, ¿pueden ser considerados secretos? Sin entrar en detalles, y sin seguir hasta más allá de lo que sigue ahora: ¿Quién levanta la mano diciendo que no tiene ningún tipo de intimidad muy pero muy propio?
Bueno, yo me sentía con ganas de escribir algo... pero algo no me dejó.
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jueves, 21 de enero de 2010
La increíble historia del Principe Bacacay.
Cuando me quise dar cuenta, debía estaba amaneciendo ya que empezaba a hacer un poco de frío. Nunca entendí muy bien porque las noches de verano son calurosas hasta las cuatro y después se vuelven frescas como hasta las seis y pico. No podía dormir del dolor que tenía en los ojos, vendados después de la operación del viernes. Habíamos estado hablando casi toda la noche y sin duda no podría contar nada de aquello. ¿Quién me lo iba a creer?....
–Yo la amo –empezó diciendo una voz, como suplicando que lo escuchara– Y ella... ¡ay! si pudiera acercarme a ella.
–¿Y quién se lo impide? –y le di el pie que esperaba, la noche era agradable como para estar en la calle charlando, aparte me olvidaba un poco del dolor.
–Vea –dijo, aunque yo no podía ver– le voy a contar una historia... Hace muchos siglos, cuando esta ciudad no era más que un caserío cercano a un castillo que como ella, ya no está. En ese castillo vivía la familia real. Usted sabe, el Rey, la Reina y por supuesto, sus hijos, los Príncipes, que eran tres: dos varones y una mujer. El mayor de los Príncipes, llamado Bacacay, sería el sucesor de la corona y como se solía hacer en aquellos tiempos, el Rey lo había prometido en matrimonio con una Princesa de un reino vecino. Según lo acordado entre las casas reales, la boda se realizaría cuando el Príncipe Bacacay cumpliera los 14 años.
–Estratégicamente –siguió contando– la unión de las dos casas reales, la de Hilburn y la de Edminister le daría a ambas un poderío bastante importante y la anexión de tierras redituaría en más riqueza para la nueva casa real. Realmente era conveniente. Claro, que el Príncipe no conocía muy bien a quién sería su esposa y futura Reina, o sí la conocía ya que los había presentado cuando se había anunciado el compromiso real. El tenía 6 años y ella 5. Para cuando el Príncipe cumplió los 13, se habían visto sólo en tres ocasiones y a decir verdad, no habían sido nada gratos esos encuentros. Uno a uno –casi con saña– Bacacay le iba encontrando defectos a su prometida y ésta también hacia lo propio. No se llevaban... Es que fundamentalmente nadie, Reyes, Reinas, cortes y hasta el último plebeyo de cada reino se había preocupado por eso. Era algo natural. Los Reyes insistían: debes hacerlo, eres el Príncipe, piensa en el bienestar de tu pueblo. Los cortesanos decían: debe hacerlo, es su destino su majestad, piense en el futuro del reino. Los plebeyos en tanto pensaban... en pagar los impuestos y que si no le gustaba, que era el precio justo que debía pagar por ser el Príncipe.
Había algo que la Princesa compartía con él: Estaba segura de que no quería casarse con Bacacay. Pero... los Reyes, los cortesanos.... ya le he dicho esto... Sus damas de compañía, instruidas por los Reyes, intentaban mostrar las bondades del Príncipe y lo grandioso que era. Sabe tocar el violín, decía una. Lee tanto como Ud., su majestad, decía otra. Recita poesías en francés y canta operas en italiano, decía una con marcada intensión de darle esperanzas a la Princesa.
Así durante días, meses... Pero, para todas y cada una de las cualidades del Príncipe Bacacay ella tenía una refutación. Si era el violín, ella prefería el piano, si era el francés, ella gustaba de los autores italianos.
Sin embargo sus destinos estaba decidido desde hacía años y la fecha de la boda era cada vez más cercana. Comenzaron los preparativos y, finalmente, la boda se concretó. Los primeros meses fueron para ambos tortuosos y como era de esperar, el matrimonio aun no se había consumado, Usted a sabe a lo que me refiero... lo cual empezaba a preocupar tanto a los padres de Bacacay como a los padres de la Princesa, devenida en Reina a la fuerza.
Al cabo de un tiempo cada uno tenía sendos favoritos. Ella, un conde que solía visitar el palacio real y que poco a poco había ido conquistando a la princesa y Bacacay por su parte conoció a una joven cortesana que cautivó con su belleza y sus modos al Príncipe que olvidó todas las formalidades. Al tiempo, no era secreto de nadie su relación con la joven Lev. Si bien los Reyes no estaban enamorados, por vez primera estaban a gusto. Los monarcas de las dos casas reales que trinaban, pero a la pareja disconforme, poco parecía importarle. Hasta habían acordado la situación que los unía sentimentalmente a sus favoritos de alcoba de mutuo acuerdo.
Cuando esto llegó a oídos del Reyes, los encolerizó. De inmediato sus padres trataron de convencer al joven Rey que debía abandonar a esa joven y, como era de esperar él se negó. Los Reyes de ambas casas estaban ofendidos con él, en especial, la malvada madre de la joven Reina quien no podía soportar que su hija fuera rechazada una y otra vez por su esposo y mucho menos que éste tuviera una relación con Lev.
Entonces fue al encuentro de un mago para intentar por medio de pócimas lograr concretar sus deseos. Y dio con un mago chino, tenebroso e impiadoso que preparó un elixir mágico.
Finalmente el Príncipe vuelto Rey a la fuerza bebió el veneno y su suegra burlona le anotició sobre su destino: Lev y tú se amarán eternamente, pero nunca podrán concretar su amor.
Desde ese día y hasta hoy, el Bacacay fue hormiga cuando la Lev fue una planta, fue luz cuando la Lev fue un espejo, fue un pájaro cuando la Lev fue huracán... ¡¡ah mi amigo!!... Por estos días es gato y ella...
–No diga nada –interrumpí– ella es perro.
–Sí –afirmó–.
Ahí fue cuando escuché el primer maullido... Para un no vidente sin experiencia como yo no era fácil encontrar la fuente de la voz. Pero ante el silencio que vino después de ese maullido, mi curiosidad pudo más y levanté un poco el vendaje que cubría mis ojos. Necesitaba ver.
Y no había nadie. Sólo estaba yo y un gato gris que me vio mirarlo. No hizo nada. No dijo nada. ¿Para qué? Si ya me lo había dicho todo.
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martes, 19 de enero de 2010
Unplugged 20
No podía ser de otra manera. El unplugged 20 tenía que coincidir con un día lunes. El número cero que forma el veinte, ese mismo cero que nos anoticia de que siempre hay un continuo ida y vuelta, un volver a empezar. La misma sensación que tiene mucha gente un lunes a la mañana, cuando toda la semana anterior con sus logros y sus fracasos queda atrás y estamos otra vez en la base del tobogán. Y probablemente la vida sea eso, ese continuo subir la escalera durante cinco peldaños enormes para disfrutar la libre caída de un sábado y el melancólico recorrido hasta la escalera del domingo.
Y hoy es lunes. No un lunes cualquiera sino el primer peldaño de una escalera cuya caída será un poco más larga, pero seguramente más rápida.
Hay algunas personas que únicamente tienen un tobogán por el que suben, se tiran y vuelven a subir. Su problema reside lógicamente en que lo que ven en la caída es lo mismo. Lo que sienten es lo mismo. Lo que piensan es lo mismo. Una monotonía que los lleva en un principio a desperdiciar el regreso a la escalera para después desperdiciar aun más la caída libre.
¿Libre? ¿Es una caída libre la de aquél que sabe que inmediatamente después de caer deberá volver a subir? Finalmente, adquieren una sensación de aburrimiento que los lleva a realizar la caída cada vez en forma más mecánica, como si sólo se tratara de un trámite para volver a subir, cosa que deploran muchísimo más que el asunto de la caída y de la caminata lenta y pesada por la arena del costado del tobogán. Terminan por olvidar toda sensación de libertad, una depresión en la que quedan suspendidos, quizá cayendo, quizá subiendo, quizá haciendo la caminata hasta la escalera. Si el tobogán es totalmente solitario, nadie estará allí para cuando eso suceda. En cambio, si hay otros en la fila, empezarán a empujarlo para que se mueva.
Otros tienen como una especie de hilera infinita de toboganes alienados. No vuelven desde la caída hasta la escalera del mismo, sino que pasan al que sigue en la hilera. ¿Si disfrutan más? No lo sé.
¿Alguna vez contaron cuantos toboganes hay en la plaza de sus vidas?
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viernes, 15 de enero de 2010
Cada gota, cada beso
–Soy infinito –me dijo el cielo esa noche mientras milagros humanos me dejaban oír tu voz. –No importa dónde mires o dónde vayas –siguió diciendo con voz severa– Te envuelvo, te doy día a día y noche a noche un ejemplo de que cualquier cosa que puedas hacer o crear jamás será lo más importante. Con el brillo de cada estrella, no hago más que demostrarte que eso que llaman tiempo es un concepto de juguete.
No pude más que darle la razón, pero tras los guiños de complicidad de la luna y de los planetas de mayor masa, durante un instante esas estrellas de brillo casi eterno dibujaron una constelación con tu cara que duró el tiempo necesario para que el reflejo en cada gota de agua de la laguna permaneciera incorruptible a otros brillos durante toda la noche. Y al otro día, al flotar sobre esas gotas me empapé de ese brillo. Y sentí calor aunque hacía frío. Sentí tus besos aunque no estabas. Y sentí tus manos tocándome en cada gota de agua.
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